miércoles, 8 de febrero de 2017

¿Qué fue de mi primer hábito?



Por Fr. Louie R. Coronel, OP
11/4/11


Han pasado once años desde que mi tanda recibió el hábito dominico. Algunos no se habrán dado cuenta de celebrar, e incluso se habrán olvidado, de la fecha de su vestición, pero nosotros la recordamos con cariño. Doce de los veinte postulantes fueron aceptados para el noviciado, pero solamente once recibieron el hábito en una solemne ceremonia de vestición el 15 de abril del 2000, en la vieja capilla del Colegio de San Juan de Letrán en la ciudad de Calamba. Uno de nuestros compañeros decidió no recibirlo por razones personales.



El Provincial de la Provincia de Filipinas, fray Quirico Pedregosa, OP y el Prior del convento de san Alberto Magno +fray Romeo Asuzano, OP (QEPD) nos revistieron con el hábito dominico mientras el coro cantaba el tradicional Veni Creator Spiritus. Fue un momento muy emotivo cuando se nos quitó nuestra polo barong, la ropa secular, y recibimos el hábito religioso. Este acto marcaba el inicio de nuestro noviciado. (cf. LCO 176).


El noviciado dominico de la Anunciación  en Manaoag, Pangasinan

En Filipinas la vestición cae el sábado anterior al Domingo de Ramos. Los recién revestidos novicios partían enseguida después de la comida que sucedía a la vestición, de Calamba hacia el noviciado dominico de la Anunciación en Manaoag, Pangasinan. Pueden imaginarse cuánto transpiramos, toda vez que no estábamos acostumbrados aún a semejante tipo de vestimenta, y que la Semana Santa en Manaoag es calurosa y húmeda. De todos modos cargábamos con esta penitencia alegremente.

El hábito completo de la Orden consiste en túnica, escapulario y capucha blancos, capa y capucha negros, cinturón de cuero y un Rosario. (cf.LCO 50). Usamos el hábito principalmente en Misa, las horas principales de la Liturgia de las Horas y en otras ocasiones especiales o formales. Un dominico puede vestir el hábito siempre, puesto que es nuestra vestimenta propia. Algunos dirán que el hábito los atrajo a la Orden. Puede sonar poco convencional, pero lo que me atrajo a mí fue más bien el modo de predicar de los dominicos filipinos.



DE LAS CONSTITUCIONES PRIMITIVAS

El decimotercer capítulo de las Constituciones primitivas de la Orden de Predicadores, bajo el título De aquellos que han de ser recibidos, nos da una pista de nuestra tradición:


“Cuando aquellos que han de ser recibidos vengan a nosotros, deben ser conducidos a la sala capitular en el momento en que el prelado o ciertos hermanos mayores lo consideren conveniente. Una vez allí, deben postrarse en el medio hasta que el prelado les pregunte: “¿Qué buscáis?” a lo que responderán: “La misericordia de Dios y la vuestra”. luego, cuando el prelado lo ordene se levantarán, y este les explicará las austeridades de la Orden y les preguntará qué es lo que deciden hacer. Si ellos contestan que están dispuestos a observar todas estas cosas y renunciar al mundo, él, luego de otras cosas, finalmente, les dirá: “Dominus qui coepit, ipse perficiat” y la comunidad responderá “Amen”. Luego, despojándose de la vestimenta secular y revistiéndose del hábito religioso, serán recibidos entre nosotros en el capítulo. De todos modos, antes de que hagan profesión de estabilidad y vida común o voto de obediencia al prelado y sus sucesores, deberán cumplir un plazo de probación que les será asignado.

DE LAS CONSTITUCIONES ACTUALES


Una descripción detallada del hábito prescripto ha sido promulgada el el apéndice tercero de las Constituciones y Ordenaciones de los frailes de la Orden de Predicadores:


“La túnica del hábito, cosida por delante y por detrás, debe descender hasta el tobillo inclusive y no más. La capa debe ser cuatro dedos más corta que la túnica y el escapulario un poco más corto que la capa, pero de tal anchura que cubra la costura de las mangas con la túnica. La abertura de la capucha, de la blanca o de la negra, no supere la longitud de la cara en más de un palmo. Por delante no llegue más abajo del esternón; por detrás que no sobrepase más de cuatro dedos la altura del cinturón; y por los lados no sobrepase la altura de la mitad del hueso humeral, situado entre la axila y el cúbito.”


En términos prácticos, no somos tan detallistas en cuanto a esto, pero lo observamos como guía. Por lo demás, el Capítulo General de Madonna dell’Arco en 1974 (Acta, p. 163) suprimió las indicaciones acerca del color de los zapatos, la ropa a llevar debajo del hábito, la simplicidad del corte de pelo y la necesidad de obtener permiso del Provincial para llevar barba.


EL HÁBITO


El hábito es blanco y negro: el blanco simboliza la pureza de vida en Cristo y el negro la penitencia y la mortificación. En la disposición propia del hábito, la capa negra de la mortificación parece proteger la túnica blanca, el escapulario y la capucha de pureza. El hábito reviste al dominico de pureza y penitencia mientras viven una vida entregada a Cristo en imitación de santo Domingo de Guzmán (ca. 1170-1221).


Todos los dominicos, ya sean clérigos, hermanos cooperadores, novicios o el maestro de la Orden visten el mismo hábito sin distinción. Los laicos dominicos no suelen vestir el hábito, pero pueden ser enterrados con él.


Este hábito ha permanecido virtualmente intacto por alrededor de ochocientos años. Anteriormente a la época del Concilio Vaticano II, una serie de oraciones debían ser hechas por el fraile al revestirse del hábito; hoy en día se estimula que sean rezadas. El significado de cada una es especialmente interesante.


LA TÚNICA BLANCA


La túnica blanca es simple, de una sola pieza, que va hasta los tobillos, con mangas anchas y puños. Suele ser de lana o de tejidos livianos para países tropicales como las Filipinas. Simboliza consagración y pureza. Mientras se reviste, el fraile reza:


Vísteme, Señor, con la vestimenta de la salvación.
Que por tu gracia la conserve pura y sin mancha,
para que, vestido de blanco,
sea digno de caminar contigo en el Reino de Dios. Amén.
EL CINTO


El cinto dominico es un cinturón negro con una hebilla plateada sencilla. Del mismo modo que santo Tomás fue ceñido por los ángeles con un cíngulo místico de pureza luego de haber sido probado en su castidad, el dominico se ciñe cada día con el cíngulo de la castidad. Tradicionalmente pedimos a santo Tomás su intercesión para ser protegidos en la pureza. Al ceñirse, el dominico reza:


Cíñeme, Señor, con el cinturón de la justicia
y el cíngulo de la pureza,
para que se unan todos los afectos
de mi corazón en el amor de Ti solo. Amén.


EL ROSARIO


El Rosario cuelga del cinto del lado izquierdo, como si fuera una espada pronta a ser desenvainada para la batalla espiritual. De acuerdo a la tradición, cuando los esfuerzos de santo Domingo entre los herejes franceses se mostraron vanos hasta el punto de la depresión y de la más profunda decepción, la bienaventurada Virgen María se le apareció y le pidió que predicara su salterio, conocido hoy en día como el Rosario. Típicamente este Rosario es de cuentas negras y cuelga de un clip cerca de la cadera. Al colocar el Rosario en el cinto, se recita la siguiente oración:


Oh Dios, cuyo Unigénito
por su vida, muerte y resurrección,
nos consiguió los premios de la salvación eterna:
concédenos, te rogamos,
que recordando estos misterios del
Santísimo Rosario de la Bienaventurada Virgen María,
imitemos lo que encierran, y alcancemos lo que prometen.
Por Cristo nuestro Señor. Amén


EL ESCAPULARIO




El escapulario es un largo rectángulo de tela (aproximadamente del ancho de los hombros), con un agujero para la cabeza, que se viste sobre los hombros y se extiende hasta casi el borde de la túnica por delante y por detrás. Nuestra bienaventurada Madre dio el escapulario al beato Reginaldo de Orleans (ca. 1183-1220) para que se lo presentara a santo Domingo.


Reginaldo había enfermado mortalmente al poco tiempo de entrar en la Orden. Santo Domingo, sabiendo que este joven brillante podría ser un auxilio fundamental para el progreso de la Orden, rezaba con insistencia por su recuperación. Fue la mismísima bienaventurada Virgen María quien respondió a sus oraciones. En sueños, Reginaldo vio a María acompañada de santa Cecilia y santa Catalina de Alejandría. La Virgen le ungió con un aceite celestialmente perfumado y le mostró a Reginaldo un largo escapulario blanco y le dijo que éste debía ser parte del hábito de la Orden. Los frailes, que hasta ese momento (1218) llevaban la vestimenta propia de los canónigos regulares, gutosamente se pasaron al escapulario diseñado para ellos por la Madre de Dios. Dos años después Reginaldo murió, habiendo tenido el honor de ser el primer fraile en vestir el hábito distintivo de los dominicos y el primero en morir en él.


El escapulario es tradicionalmente la parte más importante del hábito, y simboliza la devoción de la Orden a María, la Madre de Dios. Se viste mientras se dice esta oración:


Muéstranos que eres Madre:
por ti las preces nuestras
reciba el que naciendo
por madre te eligiera


LA CAPUCHA BLANCA


La capucha blanca, que consiste en una pequeña capa redonda por delante con una capucha añadida es el único tipo de prenda para cubrir la cabeza que los dominicos visten litúrgicamente, y va por encima del escapulario. La capucha es símbolo de contemplación, y el borde bajo, semejante al de los obispos, representa que en el siglo XIII, los dominicos, lo mismo que los cistercienses, compartían con los obispos la autoridad para predicar; no todos en aquella época predicaban. Al revestirse de la capucha, el fraile reza:


Señor, has puesto un signo sobre mi cabeza
para que no admita otro amante más que a Ti. Amén.


LA CAPA NEGRA


La capa negra es lo suficientemente larga como para cubrir la túnica y el escapulario; posee el significado señalado más arriba y sirve de abrigo en el invierno en los países fríos. En Inglaterra los dominicos son conocidos como blackfriars por la capa negra que visten sobre el hábito blanco; asi, los carmelitas son llamados Whitefriars y los franciscanos Greyfriars. Al ponérsela, el dominico reza:


Bajo tu amparo nos refugiamos, santa Madre de Dios,
no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades;
antes bien líbranos siempre de todo peligro,
¡Oh Virgen gloriosa y bendita! Amén.

LA CAPUCHA NEGRA


Finalmente, la capucha negra va por encima de la capa y sirve como refuerzo de abrigo. Ella completa el hábito dominico y junto con la capa ha de ser tradicionalmente llevada por el dominico cuando va fuera del convento, y dentro de él desde la Solemnidad de Todos los Santos hasta el Aleluya de la Vigilia Pascual. Esta práctica se mantiene hoy día en el convento de los santos Domingo y Sixto en Roma. Al ponérsela, el fraile reza:


Padre celestial
que acompañaste a tus siervos Moisés y Josué
y te serviste de ellos para liberar de la esclavitud a tus hijos,
llénanos con la misma gracia,
para que prediquemos tu palabra con autoridad y valor
para liberación de aquellos que se encuentran bajo el yugo del pecado.
Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.


CONCLUSIÓN


San Juan Pablo II (1920-2005) en su exhortación apostólica Vita Consecrata (1996) destacó la importancia del hábito religioso como “signo de consagración, de pobreza y de pertenencia a una familia religiosa particular”. Recomendaba fuertemente a los religiosos que vistieran el hábito, ajustándolo a las condiciones de tiempo y lugar. El hábito puede ser dispensado dependiendo de la naturaleza del apostolado que el religioso esté llevando a cabo.


Antes de pronunciar los votos simples que marcaban formalmente el fin de nuestro noviciado, debimos pasar el escrutinio de un tribunal de tres. Enfrentarlo era tensionante, pero pude contestar satisfactoriamente las preguntas de los dos primeros miembros del tribunal, hasta que la del tercero me dejó pensando.


Fray Filemón de la Cruz, OP, nuestro maestro de novicios durante los primeros ocho meses era dicho tercer miembro. Me preguntó: “¿Qué es lo que tienes puesto?” y yo contesté confiadamente, “el hábito dominico, padre”. Él siguió: “¿Qué representa?” Sabiendo que había leído todas las fuentes pertinentes, cité con toda seguridad las Constituciones: “padre, el hábito dominico es ‘signo de nuestra consagración’ (LCO 51).” Pero él añadió: “No tan así. Ciertamente es signo de nuestra consagración, pero es un signo externo. Lo que importa realmente es nuestra consagración interna, esto es, la ofrenda de nosotros mismos a Dios”. Me sorprendió oír eso. Significa que debemos no solamente tener en mente esta provisión de las constituciones, sino que debemos llevarla en el corazón y vivirla.

Bien, pero, ¿Qué fue de aquél hábito que recibí el día de la vestición? Bueno, la túnica, la capucha y el escapulario se mezclaron con los demás hábitos en el noviciado. No podría decir dónde están ahora. Probablemente los haya desechado.


La capa y la capucha negra me las robaron en Roma. El ladrón debe de haber pensado que my viejo bolso contenía algo de valor para él (o ella).


El Rosario que fray Kuray hizo para nosotros ha quedado para la posteridad dado que los quince misterios fueron ampliados a veinte por la adición de los luminosos en 2002.


Nuestro director de postulantes, Fray Gerard Timoner, nieto, OP nos dijo que los cinturones eran tan resistentes que nos iban a durar incluso hasta después de la ordenación sacerdotal. Luego se probó que lo que él decía era cierto. De todos modos yo usé el mío solamente hasta mi segundo año en el estudiantado, no porque se hubiera roto sino porque le faltaban los agujeros necesarios para adaptarse al creciente diámetro de mi cintura.
Así, mi primer hábito está prácticamente desaparecido, pero lo que quedó fue la conciencia de habernos entregado totalmente a Dios. Sea que vistamos el hábito o no, seguimos siendo religiosos consagrados. Los signos externos pueden ser vistos por todos, pero la consagración interna solo puede verla Dios, de quien pedimos su misericordia en el mismísimo primer día de nuestro noviciado.

*Artículo original en inglés publicado en http://prieststuff.blogspot.com.uy/2011/04/what-happened-to-my-original-dominican.html. Traducción nuestra.

B. Jordán de Sajonia - Novena por las vocaciones OP - Día 5

La amplia pesca del beato Jordán



El beato Jordán confiaba profundamente en que Dios enviaría muchas vocaciones a la Orden de Predicadores. Confiaba tanto en Dios que, en sus viajes, se preparaba con antelación, llevando hábitos para recibir nuevos miembros en la Orden.

Pasó mucho tiempo en ciudades donde había escuelas de la Orden; así, acostumbraba pasar la Cuaresma alternativamente en París y en Bolonia. Mientras permanecía allí, aquellos conventos parecían colmenas, con muchos entrando a la Orden y otros tantos siendo enviados por él a otras provincias. Así, cuando llegaba a esos lugares, lo hacía con varias túnicas hechas, confiando en Dios de que recibiría nuevos hermanos. Sin embargo, a menudo eran tantos los que inesperadamente entraban en la orden que difícilmente podían encontrarse hábitos para ellos.

Sucedió una vez, en la fiesta de la Purificación, que el maestro recibió a veintiún estudiantes en París. La escena se veía repleta de lágrimas; las de alegría de los hermanos y las de tristeza de los estudiantes al perder o verse separados de los suyos. Muchos de ellos llegaron luego a ser maestros en teología en diferentes lugares. Entre ellos había un joven alemán a quien el maestro había rechazado varias veces a causa de su corta edad, pero que en esta ocasión se había colado entre la multitud, de modo que el maestro pensó que sería demasiado violento el excluirlo, toda vez que estaban presentes alrededor de un millar de estudiantes. Refiriéndose a este joven, dijo a todos con una sonrisa: “Uno de ustedes nos roba la Orden”. Cuando el hermano a cargo de los hábitos trajo solamente veinte, algunos hermanos tuvieron que entregar, uno la capa, otro la túnica, otro el escapulario, puesto que el que estaba a cargo de los hábitos no lograba salir de la sala del capítulo para conseguir más a causa de la multitud presente.

El beato Jordán manifestaba gran confianza en que Dios nos daría una gran pesca de vocaciones si nosotros las pidiésemos. Con la misma confianza, pedimos a Dios que nos abastezca con numerosas vocaciones por intercesión del beato Jordán.

Oración:


Bienaventurado Jordán de Sajonia, digno sucesor de santo Domingo, en los primeros tiempos de la Orden, tu celo y tu ejemplo movieron a muchos hombres y mujeres a seguir a Cristo en el blanco hábito de nuestro santo padre. Como patrono de las vocaciones dominicas, continúa estimulando a hombres y mujeres de talento y devoción a consagrar sus vidas a Dios. Por tu intercesión, conduce a la Orden de Predicadores personas generosas y sacrificadas, dispuestas a entregarse fervorosamente al apostolado de la Verdad. Ayúdales a prepararse para ser dignos de la gracia de la vocación dominica. Inspira en sus corazones el deseo de conocer a Dios, para que con firme determinación aspiren a ser “campeones de las Fe y verdaderas lumbreras del mundo.” Amén.

martes, 7 de febrero de 2017

B. Jordán de Sajonia - Novena por las vocaciones OP - Día 4

El beato Jordán y las monjas dominicas


Antes de que santo Domingo tuviera un número sustancial de seguidores varones, ya había fundado un monasterio de monjas.  Las razones históricas son sencillas de entender. Luego de haber salvado un cierto número de mujeres de la herejía cátara, debía ofrecerles alguna alternativa positiva. Cómo cátaras, aquellas mujeres habían llevado un estilo de vida ascético y muy austero. Como católicas, Domingo les ofreció la oportunidad de ser verdaderas ascetas fundándoles un monasterio en Prouille. Domingo refundaría luego el convento de san Sixto en Roma. En Boloña, recibió los votos de una joven mujer, Diana D’Andalò, hija de una familia de la nobleza. Desafortunadamente, santo Domingo moriría antes de que Diana pudiese entrar a un monasterio dominico.

El beato Jordán, como maestro de la Orden, continuó la obra de santo Domingo, y estableció sólidamente a las monjas en la Orden de Predicadores. En nuestras propias vidas, la predicación debe fluir de la abundancia de la contemplación. Las monjas de la Orden de Predicadores, con su vida escondida, dan una eficacia poderosísima a la Palabra predicada. He aquí un extracto de una carta que el beato Jordán le escribió a la beata Diana en la Navidad del año 1223, ofreciéndole consuelo y animándola a la contemplación de la Palabra:

“No logro encontrar el tiempo necesario para escribiros la larga carta que vuestra caridad desearía y que yo de mi parte enviaría con gusto. No obstante os escribo, enviándoos una palabra pequeñita, la Palabra que se hizo pequeña en el pesebre, la Palabra que se hizo carne por nosotros, la Palabra de salvación y de gracia, de dulzura y de gloria, la palabra que es buena y amable, Jesucristo, y Él mismo, crucificado; Cristo elevando en la Cruz, elevado en alabanza a la derecha del Padre; a Quien y en Quien eleváis vuestra alma, encontrando allí vuestro descanso inagotable por los siglos de los siglos. Leed una y otra vez esta palabra en vuestro corazón, dadle vueltas en vuestra mente; que sea dulce como la miel en vuestros labios; ponderadla, habitad en ella, para que ella habite con vos y en vos para siempre.”

Como frailes dominicos, somos muy conscientes del importante papel que desempeñan las monjas en la Orden de Predicadores. Siguiendo nuestra novena al beato Jordán, le pedimos que obtenga muchas vocaciones para la Orden de Predicadores, y especialmente para nuestros monasterios de contemplativas.

Oración:


Bienaventurado Jordán de Sajonia, digno sucesor de santo Domingo, en los primeros tiempos de la Orden, tu celo y tu ejemplo movieron a muchos hombres y mujeres a seguir a Cristo en el blanco hábito de nuestro santo padre. Como patrono de las vocaciones dominicas, continúa estimulando a hombres y mujeres de talento y devoción a consagrar sus vidas a Dios. Por tu intercesión, conduce a la Orden de Predicadores personas generosas y sacrificadas, dispuestas a entregarse fervorosamente al apostolado de la Verdad. Ayúdales a prepararse para ser dignos de la gracia de la vocación dominica. Inspira en sus corazones el deseo de conocer a Dios, para que con firme determinación aspiren a ser “campeones de las Fe y verdaderas lumbreras del mundo.” Amén.

lunes, 6 de febrero de 2017

B. Jordán de Sajonia - Novena por las vocaciones OP - Día 3

El beato Jordán y la comadreja



A pesar de que asociamos típicamente los animales a san Francisco de Asís, el beato Jordán tuvo por lo menos un encuentro milagroso con un animal. En uno de sus viajes, una comadreja llamó la atención de los hermanos y corrió a esconderse en un hoyo. Cuando el beato Jordán se dio cuenta de ello, ordenó a la criatura que saliera.

El maestro se inclinó y dijo: “Hermoso animal, sal fuera para que podamos verte” Inmediatamente el animalito se asomó a la entrada del hoyo y le miró. El maestro entonces tomó sus patas delanteras con una mano, mientras que con la otra le acariciaba la cabeza y el lomo, todo lo cual la comadreja aceptó de buen grado. Luego dijo a la criatura: “Vuelve ahora a tu hoyo, y que tu Creador sea bendito.”

Dios siempre hace milagros para que los hombres alcancen más gracia santificante; pero este milagro revela que a veces Dios hace milagros para manifestar la belleza y el orden de la creación. Este suceso de la vida del beato Jordán es una pequeña prenda de la armonía de la nueva creación, por la que todos suspiramos. Exclamemos con el libro de Daniel: “¡Bendecid al Señor, todas las obras del Señor!” (Dan 3, 57) y pidámosle también al beato Jordán que alcance muchas vocaciones para la Orden de Predicadores.


Oración:


Bienaventurado Jordán de Sajonia, digno sucesor de santo Domingo, en los primeros tiempos de la Orden, tu celo y tu ejemplo movieron a muchos hombres y mujeres a seguir a Cristo en el blanco hábito de nuestro santo padre. Como patrono de las vocaciones dominicas, continúa estimulando a hombres y mujeres de talento y devoción a consagrar sus vidas a Dios. Por tu intercesión, conduce a la Orden de Predicadores personas generosas y sacrificadas, dispuestas a entregarse fervorosamente al apostolado de la Verdad. Ayúdales a prepararse para ser dignos de la gracia de la vocación dominica. Inspira en sus corazones el deseo de conocer a Dios, para que con firme determinación aspiren a ser “campeones de las Fe y verdaderas lumbreras del mundo.” Amén.

domingo, 5 de febrero de 2017

B. Jordán de Sajonia - Novena por las vocaciones OP - Día 2

El beato Jordán y la alegría de la pobreza



Cuando la Orden de Predicadores se estableció, era una orden estrictamente mendicante: los frailes solo podían satisfacer sus necesidades básicas mendigando. El beato Jordán confiaba en que la Divina Providencia se encargaría de proveer a las necesidades de los hermanos. Una anécdota de los primeros tiempos ilustra fielmente esto:

“Viajando el padre Jordán con unos cuantos hermanos al capítulo general de París, envió un día a los hermanos a mendigar pan para el almuerzo, ordenándoles reunirse nuevamente en una fuente cercana al lugar. Y en consiguiendo ellos apenas un mendrugo de pan duro que difícilmente alcanzara para alimentar a cuatro, el santo estalló en júbilo y alabanzas, y de palabra y ejemplo exhortó a los hermanos a hacer lo mismo. Una mujer que pasaba por allí, viendo esto, quedó impactada y dijo: “¿Cómo, siendo religiosos, es que estáis festejando tan ruidosamente a hora tan temprana?” Cuando supo que se alegraban en el Señor porque les faltaba el pan y eran pobres, corrió hasta su casa y les trajo abundante pan, vino y queso, y se encomendó a sus oraciones.”

Quizá el beato Jordán recordara las palabras de Santiago: “Tened, hermanos míos, por sumo gozo veros rodeados de diversas tentaciones” (Sant 1, 2). El beato Jordán mostró ser como el apóstol san Pablo, aquel gran predicador que dijo: “Sé pasar necesidad y vivir en la abundancia; a todo y por todo estoy bien enseñado: a la hartura y al hambre, a abundar y a carecer” (Flp 4, 12).

Desde el comienzo, Santo Domingo entendió que la pobreza era un gran testimonio del Evangelio: los hombres que viven la pobreza manifiestan en sus vidas la total dependencia que tenemos respecto de Dios.  Ahora, por la intercesión del beato Jordán, imploremos al Señor que haga surgir muchos frailes pobres que prediquen para salvación de las almas.

Oración:

Bienaventurado Jordán de Sajonia, digno sucesor de santo Domingo, en los primeros tiempos de la Orden, tu celo y tu ejemplo movieron a muchos hombres y mujeres a seguir a Cristo en el blanco hábito de nuestro santo padre. Como patrono de las vocaciones dominicas, continúa estimulando a hombres y mujeres de talento y devoción a consagrar sus vidas a Dios. Por tu intercesión, conduce a la Orden de Predicadores personas generosas y sacrificadas, dispuestas a entregarse fervorosamente al apostolado de la Verdad. Ayúdales a prepararse para ser dignos de la gracia de la vocación dominica. Inspira en sus corazones el deseo de conocer a Dios, para que con firme determinación aspiren a ser “campeones de las Fe y verdaderas lumbreras del mundo.” Amén.

sábado, 4 de febrero de 2017

B. Jordán de Sajonia - Novena por las vocaciones OP - Día 1

La humildad del beato Jordán



El beato Jordán, habiendo sido fraile dominico por apenas un año, fue elegido provincial para Lombardía. Lo cuenta entristecido:

“En 1221, en el capítulo general de Boloña, vieron conveniente nombrarme primer provincial de Lombardía, a pesar de que apenas había vivido en la Orden un año y no me había enraizado en la misma todo lo que habría debido. Debía ser puesto por encima de otros como su superior, antes de haber aprendido a gobernar mi propia imperfección.

El beato Jordán, indudablemente, tenía gran talento para ser líder. Con todo, parte de éste provenía de la clara comprensión de sus propias limitaciones humanas, sus faltas y sus pecados. Esto le dio la libertad interior necesaria para orientar su liderazgo hacia el bien de la Orden de predicadores, más que para su provecho personal.

El rápido ascenso del beato Jordán al liderazgo no fue para él fuente de orgullo, sino más bien un motivo de humildad; humildad que dio fruto en su fiel administración y en su recibimiento de las vocaciones. Pidámosle al beato Jordán vocaciones para la Orden de Predicadores.

Oración:


Bienaventurado Jordán de Sajonia, digno sucesor de santo Domingo, en los primeros tiempos de la Orden, tu celo y tu ejemplo movieron a muchos hombres y mujeres a seguir a Cristo en el blanco hábito de nuestro santo padre. Como patrono de las vocaciones dominicas, continúa estimulando a hombres y mujeres de talento y devoción a consagrar sus vidas a Dios. Por tu intercesión, conduce a la Orden de Predicadores personas generosas y sacrificadas, dispuestas a entregarse fervorosamente al apostolado de la Verdad. Ayúdales a prepararse para ser dignos de la gracia de la vocación dominica. Inspira en sus corazones el deseo de conocer a Dios, para que con firme determinación aspiren a ser “campeones de las Fe y verdaderas lumbreras del mundo.” Amén.